Cómo funcionan los placebos

 

Un placebo es una sustancia inerte, inocua, que no tiene ningún efecto en la salud de tu cuerpo.

Su apariencia física, por lo general, es el de una pastilla o cápsula, pero dentro de ellas no existe medicamento “real” sino solamente pequeñas cantidades de azúcar.

Los placebos, por lo tanto, se empezaron a usar como controles, es decir, como puntos de referencia contra los cuales se miden los efectos de los tratamientos médicos cuando se hacen estudios estadísticos para comprobar los efectos de algún nuevo medicamento.

Sin embargo, al tiempo de usar esta técnica, la comunidad médica científico descubrió lo que se llama el “Efecto Placebo”.

Dicho “Efecto Placebo” consiste en que un paciente cree que él o ella está recibiendo un medicamento real y, posteriormente, se siente mejor, a pesar de que no recibió tratamiento “activo” en absoluto.

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El Efecto Placebo se ha convertido en un fenómeno bien reconocido por la comunidad médica científica.

Y no solamente eso, también existen las “cirugías falsas” en las que a un paciente se le anestesia y se le hace creer que, por ejemplo, se le ha hecho cirugía de la rodilla. El efecto placebo se repite: el paciente se siente mejor de su articulación, le duele mucho menos y en general, recibe los beneficios de la cirugía real.

Lo que nos enseña el efecto placebo es que el poder del sistema nervioso y su control sobre el resto del cuerpo son muy grandes, y si con píldoras de azúcar disfrazadas de medicamento se pueden lograr resultados de mejoría notables, entonces es una ruta que vale la pena explorar más a fondo.

También cuenta la percepción del tratamiento y del doctor que los prescribe. Cuando te atiende un profesional de la salud, el sólo hecho de verlo en bata blanca ya ha iniciado el efecto placebo sobre ti.

Y a menudo, el fármaco más caro se percibe como el más eficiente, incluso si no hay evidencia para apoyar esta creencia.

Es decir, el precio del medicamento o del procedimiento médico es proporcional a la creencia que genera de una mejoría en el paciente.

El efecto placebo parece ser, en última instancia, una manipulación del sistema nervioso para hacerle creer que se está recibiendo la medicina adecuada, y es el cerebro quien hace el verdadero trabajo, liberando sustancias bioquímicas que, efectivamente, conducen a tu cuerpo por la ruta de la sanación.

Y desde este punto de vista, conviene explorar técnicas alternativas para lograr el mismo efecto sin la necesidad de recurrir a costosos medicamentos y tratamiento, como por ejemplo, el uso de la Autosugestión Médica, sobre la que pronto publicaremos más.

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